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La otra memoria histórica

 

Últimas investigacionessobre las persecuciones y ejecucionesen la España republicanadurante la Guerra Civil

Miquel Mir y Mariano Santamaría, fms - 2011

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Martyrs in Spain

En muchos países europeos, la memoria histórica de lo que pasó en las décadas de los treinta y los cuarenta aún provoca problemas. España constituye uno de estos casos en que el trauma de la Guerra Civil provoca tensiones aún sin cicatrizar respecto a su rememoración histórica. El 17 de julio de 1936 se inició el golpe de estado militar contra el gobierno de la Segunda República que desencadenó una Guerra Civil en la que la represión fue una constante tanto en la retaguardia republicana como en la franquista.

La profunda herida abierta en los sentimientos y conciencias durante la Guerra Civil continúa despertando agrias polémicas y memorias conflictivas. Nos vamos a centrar en el tema más vidrioso como es la persecución contra las personas católicas y de ideología conservadora, que terminó con el asesinato de 4.184 sacerdotes diocesanos, 2.365 religiosos, 283 religiosas y decenas de miles de personas asesinadas por sus creencias católicas, lo que significa una parte importante de las 55.000 víctimas de la violencia desencadenada en la zona republicana. Ninguna otra organización o grupo social, ni siquiera el ejército sublevado, sufrió una represión tan fuerte.

El anticlericalismo siempre latente en el pueblo español produjo el mayor número de víctimas realizado en la historia de Europa contra los católicos y sus instituciones. Con el pretexto de la guerra, se procedió a ejecutar matanzas masivas que aún hoy sorprenden por su número y crueldad. El contexto histórico de estos asesinatos se da durante el período 1936-1940, en que España se ve anegada en un baño de sangre y de lágrimas, dejando dividida a la nación en dos zonas: una, la del Frente Popular y otra, la España Nacional.

Durante este período de guerra la represión política fue durísima en las dos zonas. Había que eliminar a los enemigos y asegurar el control de la retaguardia. Cuando acabó la guerra, los vencedores continuaron la represión hasta sofocar toda forma de oposición a su política.

En el Frente Popular, el fracaso del golpe militar abrió un proceso revolucionario que el gobierno no logró controlar. A partir de ese momento la violencia fue imparable. Los poderes públicos se hundieron. El derrumbe del Estado se legitimó en la pretensión de transformar radicalmente la sociedad.

En la zona controlada por el Frente Popular, en el dramático verano de 1936, comienza la persecución contra los que ellos consideraban enemigos de la revolución entre los que estaban las personas con ideología conservadora: empresarios, médicos, abogados, comerciantes, religiosos, etc. La persecución no sólo se dio con el asesinato de personas, también se dirigió a la destrucción de gran parte del patrimonio civil, religioso, arquitectónico y pictórico; se perdieron para siempre obras de incalculable valor.

El resultado fue una persecución sistemática contra el catolicismo y todo lo que ello significaba.

La mayoría de las personas asesinadas en el territorio dominado por el Frente Popular lo fueron sencillamente por ser católicos o conservadoras. Constatamos que estas muertes no se pueden equiparar con la represión que los nacionales desencadenaron en su zona al ejecutar a los que eran de izquierdas. Ni con la represión de la zona republicana, en la que fueron eliminados quienes eran considerados de derechas. Así las cosas, llegados a este análisis, nos preguntamos: ¿no sería mejor pasar página? Aquí no ha pasado nada. Hemos creído que no y esto por la siguiente razón: ante la documentación recientemente descubierta, consideramos que sería una omisión histórica difícil de justificar y una cobardía no hacerlo público; para que no vuelva a ocurrir y que nadie que tenga a la vez buena fe y haya leído estas investigaciones que les ofrecemos pueda negarlo.

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